Dicen.

Dicen que la verdad duele.
Yo digo que a algunos les molesta
porque nunca dirá lo que uno espera.

Un te quiero sincero que nunca llegué a pensar que vendría.
Un ya no volverá que nunca pensé que escucharía.
Un lo siento por parte de la persona que no sabe pedir perdón.

No sé si la verdad duele.
Pero yo he llorado, frustrada porque mi verdad no era la suya.
Y siempre, si hay dos verdades,
una acabará siendo la verdadera y otra lo que el tiempo destapa.


El tiempo... dicen que cura heridas.
Entonces aparece la verdad y te dice que no, que esa herida no está olvidada.
Solo escondida por miedo o por lo que sea que se haya escondido.
O por lo que sea que duela y no quiera sufrir más.
O simplemente por lo que sea que no quiere que sea:
una verdad que duele... quizás.


Yo he mentido.

Por no hacer sufrir con mi verdad a otros.
Y no sé si eso se puede considerar pecado,
pero mi mayor pecado es que no sé decir lo que pienso sin lastimar.
Y a veces hasta yo me canso de ir matando con mis palabras.
O con las que no digo.
O con las que nunca sé cómo decir.

Así que ya no sé qué es peor;
si apuñalar mintiendo,
si decir la verdad sin saber cómo hacerlo
o callar y morirme por dentro.

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