Nota de suicidio.

Cuando tenía unos doce años, me tiré de bomba a una piscina. Cuando quise subir a la superficie, me di cuenta de que mis pies no llegaban al suelo. O nadaba o me ahogaba. Nadé... y creo que fue la peor decisión de ese verano.
No me sentí bien cuando me di cuenta de que si no hacía algo por intentar no ahogarme, me moriría.  No os engañaré. En estos momentos, me estoy ahogando y no recuerdo cómo nadar. Me llevo las manos al cuello y me repito mil millones de veces que respire, que me voy  a morir. Pero ya da igual. 
Todo me da igual. Mi mente es la que ahora manda y ésta me ordena que no intente salir a la superficie, que en este bucle de dolor, de desesperación y ansiedad se está mejor. Y me lo creo. Y quito mis manos de mi cuello y ya no grito... ya no me importa si me ahogo, ya no importa nada.

Lo más terrible que puede pasar en la vida de alguien que su mayor meta siempre fue comerse el mundo, es que ya no quiera hacerlo. Ahora mi mayor meta es sobrevivir, porque vivir ya no sé hacerlo. Y vosotros no lo entendéis.  Ni yo. Pero duele que nadie pueda ayudarte.
Llevo algunos meses pensando en la mejor forma de matarme. Algo sutil, lento, amargo y de un solo rasguño. No lo consigo. Lo intento y no lo consigo. 
¿Sabéis por qué? Porque ya estoy muerta. 
Lo que queda de mí echa de menos lo que fui, mi yo de pequeña, mi yo sonriente, mi yo que no llora a no ser que viera una película dramática. Mi mejor yo; la que algún día fui y que ha muerto.
Yo no puedo más. Y no pediré ayuda. No pediré más de la que en este tiempo estoy pidiendo -casi a gritos- a gente que parece que no sabe ni vivir su vida. 
¿Lo peor? Yo estuve ahí. Yo estuve para esa gente cuando ellos se morían. Pero yo estoy sola. Hundiéndome en mis ojeras. 
Estar guapa porque me he echado un kilo de maquillaje no es estar bien. Es solo una farsa... que es mejor creer que preguntar del porqué hoy me eché tanto maquillaje.
Para taparme... porque ya no me reconozco ni desnuda.  


La que ahora manda en mí, me ha dicho que desaparezca, que me están matando mis ganas de mejorar, de salir de esto. Y sola no alcanzo y nadie me ayuda... y yo no puedo más. 
Esta es mi última nota, escrito... lo último que escribiré. Porque ni escribir me ayuda a que esté viva. 

Volveré. Lo prometo. Volveré a ser yo y volveré para recordaros lo que podéis ser vosotros.
Pero, por ahora... hasta no muy pronto.
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