Otra despedida...


Hola...

No se me dan bien las despedidas. Y sobre todo si hablamos de ti.

Iba todo tan bien... Nos entendíamos, nos reíamos como locos, teníamos cosas en común y mente que explorar; nos llevábamos horas hablando y no hacía falta mucho para encendernos.

Adoro tus mordidas en mi cuello. Has dejado huella ahí. Y no sé cómo las voy a borrar. No sé cómo voy a borrarte.
Supongo que recordando las mentiras, los malos comentarios y la irrespetuosidad.
Yo no soy para ti. Soy para alguien mejor... y desde que tú también te diste cuenta has querido que dejara tu vida.


Pero antes de decir adiós, quiero que sepas algunas cosas:

Estás muy guapo cuando te propones ser el mejor en algo.
Me encantas cuando insistías y repetías mil apodos cariñosos para que soltara lo que me ocurría.
Eras mi mañana y mi noche. En mis sueños estabas y mis locuras soportabas.
Me repetías a menudo lo rara que era (soy), pero te encantaba... porque eso parecía haber hecho mella en ti.


Pero todo se complicó. No por nuestra culpa. Las circunstancias a veces no nos permiten ser nosotros mismos y nos convierten en terribles, frívolos y egocéntricos.

Lo siento. No supe estar a la altura de todo. Tú tampoco.

Pero no dudes de que te quise, te admiré y de que me mojaste las bragas; y de que llevo como talismán tu sonrisa. Siempre.


Te quiere, te quiso, te recordará decentemente... 

Yo. 
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