¡Silencio!

¡Silencio!
Quiero hablar de mí. Yo. El silencio.
Esa cosa extraña, sentimiento o nombre que le han puesto a ese vacío que a veces sientes cuando menos lo esperas.

¡Silencio!
Que no me gustan que me interrumpan con palabras vacías, poco interesantes y mal aprovechadas.

¡Silencio!
Que quiero hablar de lo mucho que te acompaño cuando nadie más lo hace.

¡Silencio!
Que quiero escuchar tus llantos y mimarte... y hacerte saber que el silencio no es malo, si lo tratas bien.

¡Silencio!
Que quiero dedicarle estas líneas a todos aquellos que no les gusto porque atormento sus mentes y almas y las vuelvo oscuras y rotas. 

¡Silencio!
Quiero que sepas que todas esas buenas conversaciones que desembocaron en una buena decisión, las has tenido en mi presencia y sólo, solamente conmigo.



Os puedo contar los secretos que más pesan ya que en la noche mi silencio provoca insomnio, miedo, reflexión e incluso tristeza.

Pero ¡silencio!
Que no soy del todo malo. O eso dicen algunos que me conocen y aprecian. 

¡Silencio!
Que quiero escuchar mi canción favorita. 

¡Silencio!
Que estoy leyendo y tus palabras me desquician.

¡Silencio!
Que parece que desprecian y todos necesitan.

¡Silencio!
Que necesitas conocerte y rodeado de etiquetas y postureos no puedes. 


Por favor... silencio... que en este mundo parece que todos saben y nadie calla. 
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