Frida || Quién soy.

Me tapé los ojos con tinta. Preferí el amargo dolor de las palabras a ver cómo me sonreían mientras apuñalaban.  Sé que nunca pertenecí a alguien porque soy nada... porque sólo soy de mí misma; queriendo que cada uno se mire como algún día me miré yo.

Pero siempre aparece alguien y me destapa el pastel: no sé construir sin destruirme. 

Entonces vuelvo a comenzar. Vuelvo a arañarme, a sangrar, a intoxicarme de mí misma, conmigo misma. 
Me siento ahogada, no respiro bien, tampoco puedo pensar y necesito ver(me) en los demás, encontrarme en cuerpos ajenos; en esos cuerpos donde dejé mi alma y no supieron corresponderme. Y, aún así, sólo encuentro un pequeño soplo de lo que pude llegar a ser. Me llamaba, intentando atraerme hacia mí, pero sólo me contestaba un eco... muy a lo lejos, casi imperceptible a mi fino oído. Me sigo llamando porque sé que estoy ahí, que siempre estuve ahí, pero ya no queda nada. No hay nada. 
Luego comprendí que ellos nunca me conocieron. Por eso no podía verme. 

¿Eso significa que nunca supe quién era? ¿Quién soy? 

No lo sé... quizá no soy nada y por eso no puedo proyectarme. No se puede proyectar el vacío. 
Quizá sólo sea ininteligible incluso para mí misma. 
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