Mi primera vez: Volar.



Respiré hondo. Cerré los ojos e imaginé que tenía alas. Alcé mis brazos y empecé a moverlas de arriba abajo, de menor a mayor velocidad.
Tu puedes, tu puedes. Intentaba animarme para no huir de aquella primera vez.

Puse mis pies en puntillas y, cuando menos lo espero, siento como el desayuno está mezclado con la adrenalina del momento. Aleteé mis brazos a máxima velocidad para llegar hacia el cielo infinito.

Por allá viene una nube, cuidado esos pájaros, buenos días montañas...

Ya estaba volando. Estaba en esa finísima capa de cielo y tierra. Me sentía libre, libre de verdad. Sentía que después de esto vendría mil locuras más. Y me gustó, sí, me gustó la sensación de placer, felicidad y libertad. 
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