Autopista.



Te escapas de casa con una maleta llena de libros, CD's y algo de ropa. Huyes buscando algo mejor...
Perdiste el autobús, el tren, el avión... Solo te queda la opción de hacer autoestop.
Sólo queda la opción de andar por la autopista hasta que alguien, con un poco de compasión, pare.
Lo intentas una y mil veces, pero ves que nadie para.
Todos te miran asombrados por todo lo que caminaste, pero no se atreven a parar. Nadie quiere ayudarte a llegar a tu destino. Nadie. Cada vez te sientes más cansado, más débil, desilusionado, decepcionado...
Y piensas en volver.
Intentas convencerte a ti mismo que huir no ha sido lo mejor, te rindes.
Sin embargo, de repente, se escucha una bocina. Y  se reactiva la ilusión que poco a poco estabas perdiendo. 
Esa bocina ha hecho que todo esos kilómetros que ya has recorrido no sean en vano. Esa bocina, que tarde o temprano, aparece.
Esa bocina que a veces no escuchamos porque estamos pensando en otras cosas, si era un coche rojo, si era un camión, una moto...
Esperemos. Esperemos lo que realmente merece la pena esperar. Y  luchemos por aquello que vale,  por aquello que nos hará felices, por aquello que deseamos.

Si alguna vez estás cansado, siéntate. Y una vez que repongas tus fuerzas, levántate y sigue caminando.
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